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lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Tenemos demasiadas vacaciones?

Desde hace un tiempo las cámaras empresarias y foros económicos están bombardeando a la opinión pública con la idea de que hay demasiadas vacaciones, que no somos competitivos porque "vivimos de vacaciones".
Ahora bien, veamos cómo está este tema en la U.E., ya que nos critican tanto:

COMPARACIÓN DEL MÍNIMO LEGAL DE DÍAS DE VACACIONES Y DE DÍAS FESTIVOS EN TODA EUROPA.
Las cifras proceden del informe Condiciones del Empleo Europeo de Mercer, disponible en http://www.mercerhr.com/


País vacación  anual días festivos total vacaciones
Finlandia    25     14      39
Austria    25     13      38
Grecia    25     12      37
Francia    25     11      36
Portugal    22     14      36
España    22     14      36
Suecia    25     11      36
Dinamarca    25     10      35
Luxemburgo    25     10      35
Alemania    20     13      33
Bélgica    20     10      30
Italia    20     10      30
Irlanda    20       9      29
Holanda    20       8      28
Reino Unido    20       8      28

¿Así que estamos igual que Francia y Suecia?, y con menos vacaciones que Finlandia y Austria?

Así que, si la CEOE y Alemania siguen tan molestos con las vacaciones españolas, que me den un salario alemán y no tengo ningún problema en trabajar 3 días más al año. Eso si, ni un minuto de más

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ya van mostrando las uñas?

La derecha todavía no asumió el poder en España, pero ya empieza a dar muestras de su estilo.
Primero de sugiere algo, luego se matiza, se rectifica o se niega y a la larga, como ya quedó la idea aunque sin los dichos posteriores, acaban por decir que "la inmensa mayoría" lo pide. Total, su "tropa", disciplinada, le cree.

Creo que el sistema de Seguridad Social va a sufrir ataques por varios frentes. Sospecho que este será uno de ellos.

Demos tiempo al tiempo.

Sinceramente no me gusta la estructura de la nota (hay párrafos completos repetidos), pero la transcribo por si "desaparece" el archivo del link, de todos modos se puede comprobar clikeando en el título:

Boi Ruiz plantea un seguro privado en función de la renta y luego se retracta
El consejero catalán de Salud rectifica tras defender la obligatoriedad de las mutuas

FERRAN BALSELLS - Barcelona - 29/11/2011 (ElPais.com)

Un paso para adelante y otro para atrás del consejero de Salud de la Generalitat, Boi Ruiz. El consejero de Salud ha lanzado este martes por la mañana la idea de una reforma del sistema sanitario español en la que los ciudadanos, a partir de un determinado nivel de renta, deberían contratar obligatoriamente una póliza sanitaria. "Seríamos partidarios de una póliza básica de obligado seguro para aquellos que tienen un determinado nivel de renta", ha dicho Ruiz en la celebración de un debate sobre el futuro de la sanidad organizado por la patronal catalana Aces en Esade. El consejero ha añadido que le gustaría que en España se abriera un debate para pensar en construir un "modelo asegurador diferente", aunque ha precisado que no es optimista y desconoce qué medidas podría aplicar el futuro gobierno de Mariano Rajoy al respecto.

Horas después, el departamento de Salud ha negado que la Generalitat esté considerando la posibilidad de introducir una póliza obligatoria para acceder a los servicios sanitarios, según un comunicado del Gobierno catalán. Agrega el comunicado que, "en ningún caso, Ruiz ha dicho que el Gobierno (catalán) esté considerando un modelo de financiación como este para los servicios sanitarios públicos de Cataluña".

Sobre el futuro el consejero ha vaticinado que el Gobierno del PP durante el primer año deberá hacer frente a la gestión de la deuda a corto plazo y difícilmente podrá definir un cambio de modelo a medio plazo. Ruiz ha asegurado que Cataluña lleva un año de ventaja por haber aplicado los primeros recortes en 2011, y ha añadido la idea de que el sector público y privado deben "cooperar más que competir". Por ello, ha pedido a las patronales sanitarias que presenten un plan estratégico en el que identifiquen sus fortalezas y debilidades como sector para ver en qué punto podría ayudarles la administración.

De hecho, ha ensalzado la contribución de las aseguradoras en los resultados positivos de salud que se logran en Cataluña, por lo que ha pedido "poner en valor" este aspecto."Vivir peor no quiere decir vivir mal", ha opinado Ruiz, para añadir que seguramente la sociedad vivía por encima de sus posibilidades y existe la certeza de que el retorno de la deuda durante los próximos cinco años hace inviable pensar en volver al modelo anterior.

A primera hora de la tarde, el consejero ha hecho pública una nota de matización en la que asegura que en el contexto de las jornadas de la Asociación Catalana de Establecimientos Sanitarios, que agrupa a las empresas sanitarias privadas, ha comentado uno de los modelos posibles, el de Holanda, donde existe una póliza obligatoria en función del nivel de renta. "En ningún caso", señala la nota, " Ruiz ha dicho que el Gobierno de la Generalitat considere un modelo de financiación como este en Cataluña".

El consejero de Salud de la Generalitat, Boi Ruiz, ha lanzado este martes la idea de una reforma del sistema sanitario español en la que los ciudadanos, a partir de un determinado nivel de renta, deberían contratar obligatoriamente una póliza sanitaria. "Seríamos partidarios de una póliza básica de obligado seguro para aquellos que tienen un determinado nivel de renta", ha dicho Ruiz en la celebración de un debate sobre el futuro de la sanidad organizado por la patronal catalana Aces en Esade. El consejero ha añadido que le gustaría que en España se abriera un debate para pensar en construir un "modelo asegurador diferente", aunque ha precisado que no es optimista y desconoce qué medidas podría aplicar el futuro gobierno de Mariano Rajoy al respecto. De hecho, el consejero ha vaticinado que el Gobierno del PP durante el primer año deberá hacer frente a la gestión de la deuda a corto plazo y difícilmente podrá definir un cambio de modelo a medio plazo.

Ruiz ha asegurado que Cataluña lleva un año de ventaja por haber aplicado los primeros recortes en 2011, y ha añadido la idea de que el sector público y privado deben "cooperar más que competir". Por ello, ha pedido a las patronales sanitarias que presenten un plan estratégico en el que identifiquen sus fortalezas y debilidades como
sector para ver en qué punto podría ayudarles la administración.

De hecho, ha ensalzado la contribución de las aseguradoras en los resultados positivos de salud que se logran en Cataluña, por lo que ha pedido "poner en valor" este aspecto."Vivir peor no quiere decir vivir mal", ha opinado Ruiz, para añadir que seguramente la sociedad vivía por encima de sus posibilidades y existe la certeza de que el retorno de la deuda durante los próximos cinco años hace inviable pensar en volver al modelo anterior.

A primera hora de la tarde, el consejero ha hecho pública una nota de matización en la que asegura que en el contexto de las jornadas de la Asociación Catalana de Establecimientos Sanitarios, que agrupa a las empresas sanitarias privadas, ha comentado uno de los modelos posibles, el de Holanda, donde existe una póliza obligatoria en función del nivel de renta. "En ningún caso", señala la nota, " Ruiz ha dicho que el Gobierno de la Generalitat considere un modelo de financiación como este en Cataluña".

martes, 1 de noviembre de 2011

Hay otro camino

En la misma línea que "Una visión diferente de la crisis, pero con la que coincido"  publicado hace unos pocos días, también ahora transcribo la nota íntegra.
Por suerte hay alguien que, sin ser un anónimo y teniendo difusión, dice lo que tantos pensamos desde hace mucho: A esta crisis nos llevó la especulación y el casino virtual en que se ha convertido la economía. Y la única solución que se propone es salvar a los que perdieron en la apuesta, sumergiendo en la ruina a los espectadores.
 
 

Islandia, el camino que no tomamos
Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo. Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.

La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el  precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.

Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.

Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el "hada de la confianza". Bueno, vale, era yo.

Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la "consolidación fiscal".

Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).

Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.

Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.

Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.

Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.

Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.

¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. "Las cosas podrían haber ido mucho peor" puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.

Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera. - Paul Krugman

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. New York Times Service. Traducción de News Clips.

jueves, 27 de octubre de 2011

Una visión diferente de la crisis, pero con la que coincido


Aunque hace una temporada que no publico nada sobre este tema, en varias oportunidades escribí algo sobre la crisis:


Y hoy lo retomo porque encuentro un artículo que expone muchas opiniones coincidentes con las mías y, como no tiene desperdicio, me permito transcribir la nota íntegra.
Crisis financiera: una visión diferente - Jorge L. Daly
Las turbulencias actuales se incuban en condiciones parecidas a las que dieron lugar a la Gran Depresión
La religión es inconcebible sin el concepto del pecado. Del mismo modo, la economía de mercado libre, aunque muchos -empresarios, comentaristas, periodistas, los mismos economistas de renombre- la imaginan inmaculada, digamos como una biblia reveladora de principios y procedimientos cuya aplicación asegura prosperidad para todos por donde quiera que reine, gesta condiciones tan poco celestiales que se hace necesario suscribirla a mandamientos muy estrictos. Uno de ellos es nunca dejar de prevenir el fenómeno recurrente que engendra: la crisis financiera, posiblemente su pecado capital. Otro es nunca suponer que su paso reparte penurias y penitencias a todos por igual, ni que las heridas cicatrizan sin dolor. Y otro más: nunca hay que trepidar para señalar con claridad la responsabilidad de los principales agentes e instituciones que la gestaron, ni para intervenir con firmeza a fin de contener sus efectos más nocivos sobre el bienestar económico de sus víctimas.
Ignorar estos mandamientos significa acoger un nuevo amanecer, de gloria para los pocos que se alzan con fortunas, de desdicha para los muchos más que encaran drásticos recortes de sus ingresos o la amenaza de la cesantía prolongada. Tal es el balance que arrojan las crisis que se han sucedido en el mundo a lo largo de los últimos 150 años, mas la presente puede causar estragos de mayor magnitud porque se incuba en condiciones parecidas a las que dieron lugar a la más funesta de todas, la Gran Depresión de la década de 1930. Tanto 2008 como 1929 fueron precedidos por años de crecimiento explosivo de títulos financieros de libre compra y venta en mercados significativamente globalizados y que a la postre, por la falta de capacidad de la economía real de generar los recursos suficientes para honrar las obligaciones de pago, revelaron su farsa congénita, su origen verdaderamente especulativo, su valor, a la luz de los hechos, ficticio. Pero también, sobre todo, la crisis actual asoma con mayor gravedad porque las soluciones que hasta el momento se plantean no avizoran el aprendizaje de las lecciones heredadas de esa época terrible. Basta revisar las medidas tomadas desde fines de 2008 a la fecha. En Estados Unidos, salvo un tímido programa de estímulo fiscal que impidió una recesión de mayores proporciones, la austeridad y reducción inmediata del déficit presupuestario son el norte de la política económica. En la Unión Europea prima la misma convicción, y de modo mucho más fuerte. En ambos casos se privilegia el rescate de los acreedores, a cualquier precio, y no se morigeran los términos de las deudas pactadas, ni la hipotecaria en Estados Unidos, ni la soberana en Europa. En ambos se concibe, sin hacerlo explícito, la "vuelta a la normalidad" mediante el ajuste hacia la baja de los salarios, y el empleo. En ambos se hace lo imposible para proteger la rentabilidad del capital financiero.
Es pertinente preguntarse cómo y por qué hemos llegado a esta situación. La verdad es que no es difícil explicarlo. Desde hace tres décadas, las empresas financieras, sobre todo la gran banca, se ha dedicado a cualquier cosa menos a hacer bien su trabajo. Digámoslo sin tapujos: la función verdaderamente productiva de la banca es facilitar la creación de riqueza. Mas cuando este principio se viola, cuando se pretende que la riqueza se cristaliza no en la producción de bienes y servicios sino en títulos que confieren derechos legales sobre los ingresos que generan los activos reales, la actividad bancaria alza vuelo propio, inunda el mercado de acreencias y, como sanguijuela gigantesca, succiona los ingresos de países, empresas e individuos para redimirlas. Operando en mercados progresivamente más competitivos y alentada por la promesa de márgenes de utilidad superiores a los ofrecidos en todos los otros sectores de la economía, la gran banca, sobre todo la norteamericana, se convirtió en un gran casino para ofrecer un sinnúmero de apuestas a través del suministro de productos financieros que expresaron, mucho más que su utilidad económica y social, la habilidad de los que los inventaron y de los que se las ingeniaron para venderlos en los mercados. Sin duda, un cambio de rumbo transcendental: paso al costado del tradicional analista bancario, aquel celoso de la administración de un buen crédito por un lado, y encumbramiento por otro del alquimista y comerciante; además, celebremos su gloria en la forma de jugosos bonos. Fue la locura desatada, con gerencias y directorios bancarios desprovistos de incentivos para contener la creación y colocación de productos cada vez más exóticos, y con reguladores públicos incapaces o renuentes a entender y mitigar los altos riesgos que se gestaban. Y quien todavía tenga dudas de esta insania recuerde que hacia 2008 el valor estimado de mercado de las derivadas, superaba nada menos que en diez veces la producción total de bienes y servicios en el mundo entero. ¿Cabe entonces sorprenderse de que en ese mismo año las utilidades generadas por el sector financiero de los Estados Unidos constituyeron ya no el 9% alcanzado en 1980, sino el 41% del total generado por la economía entera? He aquí la raíz de su poder para, a través de los gobiernos de turno, posibilitar, en los años 90, el abandono en los Estados Unidos de la legislación que puso fronteras precisas a las operaciones de la banca comercial, o para imponer por ejemplo, en los países asiáticos sacudidos por la fuga de sus divisas, la apertura de sus mercados de capitales. Más recientemente, a partir de 2009, es este mismo poder que le permite incorporar a debate público solamente aquellas propuestas de solución de la crisis que no les representan costos mayores o, de modo vergonzoso, legitimar lecturas e interpretaciones de sus causas que los absuelve de responsabilidad.
Esta captura del marco regulador y de la política financiera en general por parte del sector financiero, sin embargo, no lo explica todo. Hay otro factor no menos importante: el papel que juega la ideología, la misma que confiere legitimidad a marcos conceptuales económicos de donde surgen propuestas de políticas que son francamente descabelladas. Solo la fe ciega en la bondad del libre mercado puede explicar que se discuta con seriedad las ventajas de contar con mercados financieros, sí, hay que exclamarlo, ¡auto regulados! En 1995, en ocasión de la crisis mexicana que también hizo tambalear, por ósmosis, a la economía argentina, se le escuchó decir a un prominente economista del Fondo Monetario Internacional que si era necesario que en este país se elevara la tasa de interés al 20, o 25, o 30 por ciento para atajar la salida de capitales, pues había que aceptarlo. En su esquema teórico, naturalmente, no había espacio para considerar el tremendo impacto sobre el costo de financiamiento de las pequeñas y medianas empresas, ni sobre sus consecuencias sobre los niveles de empleo. Por desgracia, es este tipo de economista al que se le escucha porque es el que goza de más prestigio en la profesión. Es el que opta por ignorar o no darle la importancia debida a la volatilidad e irracionalidad de los mercados financieros, el que siempre atribuye la causa de la crisis a la intervención gubernamental y nunca a las fallas de mercado, el que la explica como desequilibrios temporales entre oferta y demanda y no como un episodio final de un proceso desembocado de especulación que deja escombros por doquier. Es el que propone y defiende los famosos programas de ajuste estructural. En suma, es el que siendo fiel a su ideología puede limpiar la cara sin ningún cuestionamiento de un conjunto de políticas económicas estrepitosamente fracasadas, sentando entonces las bases para su perpetuación futura. Egresan los más de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos, con el agravante, en este país, de que el conflicto de intereses en que incurren profesores de renombre al financiar sus trabajos de investigación con la prestación de servicios de asesoría empresas financieras, ya dejó de despertar asombro. Pero Europa no se queda atrás. A decir de las declaraciones de las autoridades económicas que defienden las medidas para enfrentar la crisis de la deuda soberana, el ajuste de mercado, para ellos, es el único y mejor instrumento para imponer disciplina en todos esos países periféricos que los conciben como renuentes o incapaces de ejercer control sobre el déficit del sector público.
Los cánones religiosos de la economía de mercado libre permiten imaginar a la crisis financiera como un proceso necesario para la expiación de los pecados cometidos. Rara vez, sin embargo, sus principales gestores son excomulgados. Quedan, por lo contrario, incólumes y muchas veces hasta se les premia con dádivas; dicho de otro modo, con oportunidades para aumentar y acumular más riqueza. La posibilidad de compra a precios de remate de activos públicos es un claro ejemplo de esto. De otro lado, la furia divina se desata sobre los que pierden su empleo y pensiones. Al paso que vamos, la crisis presente se encamina precisamente hacia estos destinos disímiles. Los grandes intereses que defienden al sector financiero intentarán salvaguardar, hasta el final, el valor nominal de las acreencias. No importa entonces que el costo de la crisis la carguen los deudores por entero, y que en el proceso los niveles de producción y empleo bajen aún más. Y cuando no se les pueda exprimir más, bienvenido sea el tesoro público para el rescate. A fin de lograr todo esto, podrán contar con la previsible anuencia de los políticos cuyas campañas financian. Y también con el apoyo intelectualmente elegante pero efectivo de los miembros de la disciplina económica. Son sus tontos útiles que ignoran, consciente o inconscientemente, las lecciones de la historia.
Contribuyen entonces a que sus errores y grandes injusticias se repitan.

Jorge L. Daly es doctor en Economía Política y ha ejercido como catedrático en Universidad George Washington y The American University en Washington.
Publicado el 26/10/2011 en ElPais.com

lunes, 23 de mayo de 2011

Tenemos una nueva oportunidad

No puedo olvidar que he sido testigo, aunque aún pequeño, de la "Noche de los bastones largos" allá por 1966 y muy poco después el "Mayo Francés"
Unos años después, ya en la universidad, alguna vez he tenido que salir de la facultad por una ventana que daba al patio de la morgue judicial porque las motos de la policiía atronaban por los pasillos y bloqueaban los accesos, repartiendo palos y "cosechando" gente.
También sufrí y me indigné con "La noche de los lápices" en el '76.
Por supuesto conocí y fui testigo de toda la represión de la década del '70 y principios de los '80.

A todos mis contemporáneos les quedó marcada a fuego una imagen tétrica de todo lo que tenga que ver con los cuerpos de seguridad.

Pero por suerte he vivido para ver esta imagen:

El Pais - edicón impresa domingo 22-05-2011

Me imagino que para mucha gente es algo que toca una fibra sensible el ver a un joven manifestante abrazar a uno de los policías que controlan la manifestación.

Sinceramente, no creí que fuera a vivir para verlo ......

Un tema aparte es este movimiento que creo que está sorpendiendo y asombrando a todos.

A partir de la plataforma "Democracia Real Ya", nació un movimiento (Movimiento 15-M) que hoy está representado por miles de personas acampando en la plaza céntrica de Madrid (Sol), y que se repite en numerosas ciudades.

Sin desorden, sin identificarse con ningún partido, planteando reivindicaciones para toda una ciudadanía y no sectoriales, dando un verdadero ejemplo de civismo.

Se va aescribir mucho sobre este tema, pero valga como ejemplo:

Transmisión en directo las 24 horas: soltv.tv
Página web con el día a día: Madrid.tomalaplaza.net
En el mismo sitio, sus propuestas (aún provisorias) :


1. Cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única. La obtención de escaños debe ser proporcional al número de votos.
2. Atención a los derechos básicos y fundamentales recogidos en la Constitución como son:
- Derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda.
- Sanidad pública, gratuita y universal.
- Libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica.
3. Abolición de las leyes y medidas discriminatorias e injustas como son la Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como Ley Sinde.
4. Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones. Implantación de la Tasa Tobin, la cual grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales.
5. Reforma de las condiciones laborales de la clase política para que se abolan sus sueldos vitalicios. Que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante.
6. Rechazo y condena de la corrupción. Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas limpias y libres de imputados o condenados por corrupción.
7. Medidas plurales con respecto a la banca y los mercados financieros en cumplimiento del artículo 128 de la Constitución, que determina que “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Reducción del poder del FMI y del BCE. Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado. Endurecimiento de los controles sobre entidades y operaciones financieras para evitar posibles abusos en cualquiera de sus formas.
8. Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado, como establece el artículo 16 de la Constitución.
9. Democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa. Acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces.
10. Verdadera regularización de las condiciones laborales y que se vigile su cumplimiento por parte de los poderes del Estado.
11. Cierre de todas las centrales nucleares y la promoción de energías renovables y gratuitas.
12. Recuperación de las empresas públicas privatizadas.
13. Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
14. Reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábricas de armas y un mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Como movimiento pacifista creemos en el “No a la guerra”.
15. Recuperación de la Memoria Histórica y de los principios fundadores de la lucha por la Democracia en nuestro Estado.
16. Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos como medida de contención de la corrupción política.

Como no se indentificaban con ningún partido, intentaron calificarlos de una y mil maneras para desprestigiarlos y no lo han conseguido.

Lo que si se logró es un masivo apoyo, un flujo continuo e imparable de donaciones para su mantenimiento (comida, bebida y materiales) y una cobertura periodística que deja claro testimonio de cómo está funcionando. A modo de ejemplo, lo publicado hoy en un solo periódico:
El País - edición impresa domingo 22-05-2011:
La ola del 15-M alcanza al 22-M
Cartas a la vieja usanza
El movimiento debate su futuro
¿Quiénes habitan el kilómetro cero?
P
rotegerlos en vez de disolverlos
La asamblea de Barcelona convoca una manifestación ante el parlamento
En Bruselas sale el Sol

Seguramente escribirán una página en la historia.

De corazón, solo espero que no tenga un epitafio como el del '68:
tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa





Papá cuéntame otra vez
Disco: Atrapados en azul
Letra: Daniel Serrano Música e intérprete: Ismael Serrano


Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.